Todo empezó hace un año. Era un día nublado, parecía como si más tarde fuera a llover. Conforme iban pasando las horas, el cielo se volvía cada vez más raro, no parecía el mismo.
Esa tarde había quedado con mi novio y mi hermana, fuimos al parque del pueblo y por el camino no vimos a nadie, las calles estaban vacías, ni un perro.
Los bares estaban todos cerrados y no era un día festivo, nos pareció un poco raro, pero no le dimos mucha importancia. Subimos a la plaza y se nos cruzó un gato negro, nos dio un tremendo susto y a la vez nos pareció muy raro, no había nadie solo nosotros y un gato negro. Seguimos andando hasta el supermercado, donde queríamos comprar algo de bebida, porque por la noche habíamos quedado en el cortijo de mi abuelo para hacer una pequeña fiesta. Compramos algunas botellas de refrescos y algo de alcohol, salimos del supermercado y fuimos directos a esconderlo en una pequeña choza que había saliendo del pueblo. Habíamos quedado a las doce de la noche para ir a al cortijo con el coche de mi novio. Fuimos a casa, mi hermana y yo, teníamos que ducharnos y arreglarnos. Llegamos y todavía no había nadie en mi casa, mis padres no habían llegado.
Llegó la hora de marcharnos y como bien pensaba mis padres todavía no habían llegado. Les dejamos una nota y nos fuimos. Estaba mi novio esperando en la puerta con el coche, decidimos ir primero a por la bebida en aquella choza.
De camino al cortijo escuchamos un grito que nos puso los pelos de punta. No sabíamos de donde procedía, nos bajamos del coche para ver si había alguien que se había quedado tirado con el coche, pero estaba todo muy oscuro y no veíamos a nadie; decidimos seguir, aunque con un poco de miedo.
Llegamos al cortijo y la sorpresa fue increíble para todos, no nos lo podíamos creer.
— ¿Qué pasaba chelo? ¡Sigue contándonos lo que pasó!
— ¡No puedo seguir!
— ¡Chelo tranquilízate!, no pasa nada estas con nosotros.
Buscamos y buscamos pero no estaba; ¡era imposible! era grande, imposible de no encontrarla. Había pasado algo raro.
— Chelo, ¿Qué era lo que faltaba? ¿Que era imposible?
— ¡La…la…la cabaña! ¡NO ESTABA!
Chelo se puso a llorar, no lo podía aguantar más. Después de media hora, Chelo se tranquilizó, y tenía que seguir con su terapia en el psiquiátrico de Jaén. Cuando a Chelo la encontraron a dos millas de su pueblo, estaba casi muerta. Chelo tenía que seguir su terapia.
Se seguían escuchando gritos; nos estábamos volviendo locos, no podíamos más.
Escuchábamos con atención, para ver de donde procedían aquellos gritos.
Empecé a escuchar a mi madre gritar, ya no sabía si era mi imaginación. Escarbamos por la tierra y nada…pero de repente, ví brillando una cosa en el suelo; era la cadena de un llavero enterrado. Empecé a escarbar y los gritos cada vez eran más fuertes, los tímpanos me iban a estallar. ¡ERA LA CABAÑA!
Mi madre me gritaba y me decía que los liberara antes de que llegara media noche. Intentamos romper la cabaña tirándola a tierra, pero no se rompía; de repente la tierra empezó a temblar, nosotros también gritábamos porque la tierra se estaba empezando a hundir y no nos podíamos mover. La tierra nos tragaba, incluso a la cabaña. Hubo un momento donde ya no podíamos hacer nada, teníamos todo el cuerpo bajo tierra menos la cabeza; empecé a temblar y a partir de ahí no me acuerdo de nada más.
Me desperté, y estaba en una habitación, con todas las paredes blancas; todo era blanco. Mi cama no era esa y sin embargo estaba tumbada en ella, no comprendía nada.
— Bueno Chelo, pues como ya te he dicho antes, estas en el hospital psiquiátrico de Jaén. Ahora te vamos a contar la misma historia, pero según tus familiares.
Esa misma mañana tú no te despertabas, tus padres te gritaban, pero aún así tú seguías durmiendo. Llamaron al médico para ver qué era lo que te pasaba, el médico no sabía tampoco lo que te ocurría. Estuviste una mañana durmiendo, decías cosas raras, como si conocieras otro idioma a parte del tuyo y el ingles del instituto. Tus padres fueron a hablar con el cura para ver si lo que te estaba ocurriendo era algún asunto religioso. Te dejaron sola en casa puesto que no te ibas a ir a ninguna parte y de repente nada más que tu cuerpo, reacciono solo, pero la mente no. Estabas sonámbula, no sabias lo que hacías y te fuiste de tu casa, pero lo más curioso era que si que dejaste una nota, ponía lo mismo que me has dicho antes. Te fuiste; llegaron tus padres y no te vieron en la cama, te buscaron por toda la casa y nada. Llamaron a la policía e hicieron una búsqueda por todo el pueblo. Ya pasadas unas horas les hicieron a tus padres una llamada, era la policía, te habían encontrado a dos millas de tu pueblo tirada en el suelo llena de barro y con ataques epilépticos. A partir de ese momento te trajeron a este psiquiátrico y hasta ayer, estuviste una semana durmiendo en un coma profundo.
— Entonces, ¿nada de lo que creía yo que me había pasado era cierto? ¿Y mis padres? ¿Y mi hermana? ¿Y mi novio?
— Tranquila, están todos bien, tus padres, tu hermana, tu novio, todos.
— Ahora entraran tus padres y tu hermana a verte, que lo estaban deseando, por que como estabas tan mal no les han dejado pasar a verte.
De repente se abrió la puerta, aparecieron los padres de Chelo y se dieron un abrazo muy grande. Se pusieron a hablar de lo ocurrido.
— ¿Mamá, qué me ha pasado? no lo comprendo ¡Todo parecía tan real!
— Tranquila, hija mía, no te pasará nada más. Pero tenemos que hablar de lo ocurrido.
— Cuando dejaste aquella nota. ¿Qué pusiste?
— Si lo recuerdo bien puse que nos habíamos ido Sandra y yo y que no nos esperarais despiertas. ¿Por qué?
— Porque la nota que hemos encontrado no pone eso.
— ¿Qué pone?
— Pone en letras mayúsculas “AYUDARME, NO AGUANTO MÁS”. Pero lo que pone después nos asustó más todavía. Pone lo mismo, pero en otro idioma que no se conoce y no es tu letra.
— Mamá, nada más quiero recuperarme y vivir una vida normal.